viernes, 8 de abril de 2011

Aprende a tratar a los demás, del modo en que quieres ser tratado


Todo nuestro mundo de relación, si pretende coherencia, se ha de regir por la reciprocidad de las acciones. Esta postura no esta “naturalmente dada” en el comportamiento sino que se considera como algo en crecimiento, algo que debe ser aprendido. Es conocida esta conducta como “la Regla de Oro”. Dicha conducta se educa y perfecciona a lo largo del tiempo y de la experiencia en el mundo de relación.

1980 - NUESTRO MOTOR



Ese es nuestro campo. El campo de lo cotidiano, el campo de lo inmediato, el campo de la existencia, el campo del sufrimiento humano, el campo de las esperanzas humanas, el campo del sentido de la vida.
Ya ven ustedes qué poco pretenciosa es nuestra postura, con qué poco recursos cuenta y con qué poco conocimiento.
Pero hablábamos de las condiciones necesarias en nosotros mismos para poder llevar adelante este mensaje.

Cuando alguien nos pregunta por ahí: ¿y por qué ustedes dan ese mensaje?, nos parece sorprendente tal pregunta.
Nosotros inversamente nos decimos :¿por qué no habríamos de dar este mensaje? Esto es bueno para nosotros, es bueno para otros, para nuestro prójimo. Al parecer es bueno para todos, ¿por qué no habríamos de dar este mensaje?, ¿es que se supone que no debe darse ningún mensaje?, ¿es que se supone que ya todos los caminos están cerrados? Esto tal vez no sea exacto. ¿Cuál es la condición necesaria para que demos este mensaje? Querer al ser humano.
Aquél que de entre nosotros no sienta amor, o como mínimo, no quiera al ser humano, no debe afrontar estos trabajos. Puede quererse mucho a sí mismo; puede querer mucho a sus problemas. Cosa paradójica, querer a los propios problemas. Tal vez esté muy preocupado porque si come esto le hará mejor que si come lo otro, si respira este aire o respira el otro, si se queda en la ciudad o se va al campo, si toma este objeto o toma el otro, ¿no es cierto?, tal vez esté muy preocupado centrípetamente, pero claro éste no es el sentido de nuestro mensaje.
No parece ser buena condición para los demás, mi preocupación continua por el aire que respiro, la digestión que hago, ¿eh? Son cosas necesarias para la vida... Pero estamos hablando de una condición que pone fuerte primacía en los demás.
Es importante la condición básica de querer a otros. Estas no son actividades para egoístas. Estas no son actividades para personas que interpretan al mundo al servicio de ellas. Estas no son actividades que responden a los esquemas que hoy existen y que han trabajado sobre nosotros sin que nosotros lo advirtamos, esquemas tales como: "Yo soy un consumidor, por lo tanto, mi función es la de ser un tanto..., aparato digestivo del cuerpo social". Es decir, yo estoy interpretando al mundo, según que el mundo me dé cosas.
Es cierto que yo también doy. Invierto mi fuerza de trabajo y de acuerdo a la fuerza de trabajo que invierto, recibo en cambio bienes de consumo y eso está bien, pero... ¿es que doy algo de mí, o es que produzco un intercambio, tal vez necesario o no tan necesario para mi subsistencia? ¿Pongo algo de mí en la actividad hacia el mundo, o recibo bienes a cambio de trabajo, un tanto mecánicamente, como una fuerza de acción y reacción? ¿Qué pongo de mí en el mundo?
Al parecer no pongo mucho, por cuanto pongo para recibir y ahí quedamos, en ese circuito cerrado. ¡Y quedamos en ese circuito cerrado! Al parecer, todo lo que sucede en el mundo es para mí, si puedo conseguirlo. Primer problema. Segundo problema, trato de conseguirlo y aunque lo consiga siempre queda un sabor de que algo faltó.
De todos modos, voy tratando de que todo se refiera a mí.


Esa es la ideología consumista que ha trabajado sobre nosotros y que trabaja sobre nosotros, aunque nosotros no lo percibamos.
Puede ser que esté en el campo, puede ser que esté en la ciudad, puede ser que me afecte el smog o no me afecte, puede ser que tenga un tipo de dieta u otro tipo de dieta, pero es la misma forma mental de esta preocupación, de esta preocupación individual, personalísima, cerrada, donde no aparece en el horizonte, la posibilidad de comunicar con el otro.
Se dice, por ejemplo: "lo que está faltando en el mundo es comunicación entre la gente". Se dice, pero ¿es esto verdadero?
Hoy más que nunca los medios de comunicación están desarrollados, hoy más que nunca las ciudades están hacinadas; hoy más que nunca me encuentro con gente a cada paso que doy; hoy más que nunca me comunico telefónicamente y me comunico radialmente, y me comunico por miles de medios y el mensaje de la difusión y de la propaganda llega hasta mi. ¿Qué es esto de que estamos incomunicados?, ¿o será tal vez la sensación de incomunicación lo que registro? Porque al parecer y según nos muestra la realidad, (risas), estoy más comunicado que nunca.
Será que estoy comunicado pero que siento la incomunicación. Esto es otra cosa.
¿No será que experimento, aunque esté rodeado de gente, que estoy como cercado por un cuerpo transparente?, ¿no será que me encuentro en situación de no poder conectar en un nivel emotivo profundo con las otras personas?, ¿no será que me hablan y hablo y en ese hablar, de todos modos, se pierde lo más importante?
¿Qué es este registro de incomunicación, de soledad, de aislamiento? Esta cosa paradojal que sucede en las ciudades, donde la conexión es cada día más y más intensa. ¿Qué significa este fenómeno?
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Nuestro mensaje se basa en una necesidad existencial, en una necesidad del ser humano. Este es un punto de gran importancia.
Si usted no da, nunca va a recibir. Si usted cree que se trata sólo de recibir objetos, afectos, personas, dietas, paisajes, etc., si usted cree eso, va a tener problemas.
El ser humano tiene una cantidad de receptores, ojos, oídos, boca, etc., tiene un circuito muy complejo. Pero también tiene efectores, salidas hacia el mundo.
Si ustedes cierran la válvula de salida, hay explosión. Las gentes se andan preocupando por la válvulas de entrada y es muy lógico. La preocupación está en si recibí hoy más que ayer y así siguiendo. El punto está en, ¿qué pasa con las válvulas de salida? ¡Qué interesante! Así es que nos hemos estado preocupando de ésta recepción continua y no de la salida. ¿Y si hubiera un bloqueo en la salida? ¿Qué pasaría? Podrían pasar muchas cosas. Además depende en qué válvula sea el bloqueo, (risas). Pero si hu-
biera un bloqueo en la salida ¿qué podría pasar? Podría pasar, por ejemplo, que me intoxicara internamen-te; podría pasar que empezara a sentir el mundo y a las personas y a las cosas como que están lejos de mi, como que no me comunico, como que estoy aislado. Claro que sí, parece que eso es lo que sucede.
Estoy aislado y no me comunico, y no hay verdaderos mensajes porque no tengo cómo comunicar desde mí hacia el otro, porque para eso es necesario que pueda ¡dar!
Y en tanto no dé, en tanto no dé, la incomunicación será fatal.
De manera que estos planteos que se vienen haciendo desde antiguo, de que hay que amar al prójimo, de que hay que dar, de que es muy bueno comunicarse con la gente, todo esto que se “dice” habrá que ver cómo se “hace”.
Ustedes saben que hay una gran diferencia entre el decir y el hacer. Parece ser que hay poco que dar. ¿Será así? ¿O habrá muchas posibilidades de dar?, ¿estaremos dispuestos a dar?, ¿y qué cosas estaremos dispuestos a dar? Esas preguntas nos interesan mucho.


Estamos seguros que en la medida en que se cierre la válvula del dar, las poblaciones, poblaciones enteras en el mundo van a aumentar en su tensión interna, van a aumentar peligrosamente en su aislamiento y se van a producir disloques cada vez más grandes, porque se está cerrando esa válvula del dar. Esto está claro, esto se verifica cada día.
No es un planteo tan original. Mucha gente, empíricamente lo sabe. Como de costumbre no descubrimos ninguna cosa nueva, simplemente observamos lo que sucede.
¿Se acuerdan ustedes de la experiencia de ayer, el mejor momento de su vida? Allí estaban ustedes tal vez con fe en ustedes mismos, con fe en otros, ahí había un futuro abierto, y ahí se podían hacer cosas y podían ustedes comunicarse haciendo cosas, eran capaces de dar sin esperar retribución. Y eso de poder dar sin retribución es un alivio interesante, ustedes se sentían como más luminoso, como más liviano. Podían dar sin recibir.
Recuerden esa interesante situación y van a ver que tiene todas esas características.
Recuerden algún enamoramiento, si es que alguna vez lo tuvieron, y van a ver cómo podían dar, sin preocuparse por el recibir, y van a ver que cuando daban se encontraban comunicados, no se encontraban aislados por cierto.
Pero algo pasó y la válvula se cerró.
Nuestro mensaje y nuestro trabajo tienen que ver con el dar. Y les digo que ¡el egoísmo no es útil!, les digo que ¡el dar es de gran utilidad! El dar equilibra mucho más que el recibir, el dar permite progresar, el dar permite abrir la línea en una dirección a futuro.
Es claro, estas cosas no se suelen decir tan así como así por la calle; dé porque es útil; imagínense, es una paradoja. ¡Qué planteos! Estúdienlo... entúdienlo internamente, estúdienlo en otras personas y vean qué bien estaba aquello de dar en aquél momento, y vean cómo se comunicaban cuando daban. Si la palabra "utilidad" es un poco fuerte. Digan que "eso de dar" es bueno.
Nuestro mensaje tiene que ver con esa apertura, en tanto las gentes no reivindiquen esta capacidad obturada del dar; en tanto eso no suceda, los problemas van a aumentar. En tanto, en cambio, podamos inducir a esta capacidad del dar, las cosas irán cambiando individualmente y grupalmente. ¡Pero esto no podrá iniciarlo aquél que no quiera a los otros seres humanos, no podrá!
Aquél que quiera a sus padres, a su hijo, a su familia, a sus amigos, a su pueblo; aquél tendrá posibilidades de comunicarse. Pero aquel que esté preocupado por lo que come, por el aire que respira, por si se va al campo o se queda en la ciudad, aquél que esté tan preocupado por él mismo, no tendrá capacidad de dar y aumentará su aislamiento. Este es un punto de gran importancia y ésta es una diferencia radical y tajante que tenemos con esas ideologías que circulan.
Está bien, todos tenemos nuestros problemas. ¿Pero dónde ponemos nuestra dirección?, ¿en los problemas?, ¿o más allá de nosotros mismos?
Ahí hay una pregunta interesante para contestarse cada cual.
Buena disposición la de aquellos que quieren a la gente. Buena disposición la de aquellos que cuando ven alguna dificultad, tratan de poner el hombro, buena disposición. Tal vez con esa disposición básica, esa disposición que está repartida entre miles y miles de seres humanos, esa capacidad, en cuanto se oriente habrá un gran río de comunicación.
En realidad, en todo ser humano existe esta aptitud para dar. Las circunstancias han ido cerrando esta válvula, pero en todo ser humano existe esta válvula.
¿Han visto ustedes lo que sucede con estas gentes a las que se llama voluntarios? En general voluntarios, el bombero voluntario, bueno hay distintas formas de ser voluntario.


Este voluntario, que a las cuatro de la mañana, suena una alarma, y se levanta rápidamente, sale, se mete en un incendio, rescata un niño que está por morir entre las llamas, sale magullado, lleno de hollín..., vuelve a su casa rápidamente para mojarse un poco y salir a su trabajo cotidiano, nuestro hombre llega agotado para cambiarse de ropa y alguien le pregunta: ¿y dime y tú que ganas con eso? Y claro, este buen hombre no sabe cómo explicar qué gana él con eso, porque en realidad no gana nada. Al contrario llega fatigado a su trabajo, puede hacer mal las cosas en su oficina, puede llegar a perder el trabajo y poner en peligro la estabilidad de su núcleo familiar. ¿Qué ganas tú con eso? Y él con toda seguridad que no va a poder responder cabalmente "que gana él con eso". Y él se va a sentir desalentado, y se va a sentir incomprendido Y al ir a su trabajo apuradamente, verá a dos vecinos que se codean y se dicen: "ese es un voluntario..." Ese es un voluntario, alguien un poco extravagante, del cual no se entiende para qué esas actividades, de qué modo le sirven en términos de consumo. En términos de consumo, ¿qué gana ese voluntario?
Hay miles y miles, millones de voluntarios en el mundo que se encuentran en situaciones como esas. También hay voluntarios en distintas líneas políticas, religiosas, en distintas actividades del ser humano, y que no ganan nada con eso. Y es tan extraordinario eso, que el voluntario no puede responder cuando se le formula la pregunta: ¿qué gana usted con eso? Y claro, no puede sostener su posición y nuestro hombre o mujer se va desalentando poco a poco. El no puede explicar lo que hace. Se va desalentando, y llegará un tiempo en que diga: "sí, seguramente soy un poco estúpido, porque esto que hago, para qué me sirve?"
Y así se van desalentando los voluntarios, éstos que pueden llevar la comunicación a otros. Todo está armado como para desalentar esas actividades voluntarias. Y así se van arrinconando los seres humanos capaces de dar.
¡Nosotros vamos a reivindicar la capacidad de dar, y vamos a poner como un valor social la capacidad de dar, y vamos a poner al voluntario como el mejor ejemplo a seguir, y vamos a explicar por todos los medios que tengamos a mano, qué cosa le pasa a usted que está escuchando! ¡Usted, que sabe que sí, que quiere dar y que necesita dar, pero que no se explica muy bien qué es lo que siente, y que según parece los que están a su alrededor dicen que está mal lo que usted siente! Nosotros vamos a poner en primera plana al voluntario y vamos a explicar que no es una cosa extravagante, que no es una cosa injustificada, que es exactamente lo mejor que puede hacer el ser humano. Y vamos a explicar las distintas razones, incluso las utilitarias del dar, y vamos a crear entonces otras condiciones, y a través de esas condiciones, nuestro mensaje va a llegar cada vez a más distancia.

martes, 5 de abril de 2011

1999 - LA FUERZA


Se pretende que esa tensión energética no solo eleve el brillo de las imágenes, eleve la capacidad de concentración, eleve la lucidez, sino que permita conectar con otros niveles mucho más despiertos. Esa es la pretensión, conectar con niveles de conciencia mas despiertos, van a ser concomitantes esos niveles de conciencia mas despiertos con ciertos puntos, como centros, ciertos puntos de localización física, no es que ahí esté un nuevo nivel de conciencia, es que al moverse un nuevo nivel va a haber concomitancia física en ciertos puntos.

1975 - DIOS Y LA RELIGIÓN INTERIOR


Todas las religiones parten hablando de Dios, colocándolo fuera del hombre, por encima del hombre.

Las religiones externas han cumplido su ciclo y el dios externo al no ser encontrado se ha desvanecido como un espejismo.

La Religion Interior explica que dios se hace presente en el corazón del ser humano, que dios surge como producto de la experiencia interna. Esto es de gran importancia: el hombre en su desarrollo termina creando a dios a su imagen y semejanza y no a la inversa. Según el desarrollo del hombre, lo divino se expresa en su inte­rior con mayor o menor evidencia.

Todo queda reducido a un problema de experiencia interna y no a un dogma.

2008 / EL SUFRIMIENTO


Como tema central, es el tema nuestro. El tema del sufrimiento: ¿cómo existe el sufrimiento en el ser humano?, ¿cómo se vence el sufrimiento?, ¿por qué camino se va a un mayor sufrimiento?, ¿por qué camino se puede salir de ahí y llegar a otro lado? ese es nuestro tema, el tema del sufrimiento. El sufrimiento no es simplemente el dolor… el dolor físico. Nosotros hacemos una distinción grande entre dolor y sufrimiento, uno puede sentir dolor porque tiene hambre, porque le duele el cuerpo y bueno es la ciencia y es la justicia la que puede mejorar el dolor humano, pero el sufrimiento humano es mental y el sufrimiento humano no se soluciona ni por el desarrollo de la ciencia, ni por el desarrollo de la justicia, es un esfuerzo que tiene que hacer el ser humano para entrar en otras regiones de la mente, ese es nuestro tema, ese es uno de nuestros temas.

Lógicamente hay temas que están muy ligados al tema del sufrimiento que es el tema de la ilusión, el tema del mundo que uno imagina, de las cosas que uno imagina sobre uno mismo, de las cosas que uno imagina sobre los demás. El tema de la ilusión es para nosotros clave y está muy ligado al sufrimiento. De acuerdo a como mueva uno sus ilusiones, también va aumentar su sufrimiento o va a disminuir.

El tema -por último- de las creencias, de las cosas que uno cree… el tema de las cosas que uno cree sobre los demás, sobre uno mismo, sobre el mundo, sobre la vida, sobre la duración de la vida. Porque cuando uno está en estado normal, haciendo cosas, siempre tiene la sensación y la creencia de que uno no se va a morir. Por supuesto, si a uno le preguntan: oiga ¿usted se va morir? Claro va decir uno, lo dice, pero en el fondo no lo cree.

Dice sí, si, claro, es razonable, todos nos vamos a morir, pero no lo cree. Si lo sintiera en ese momento, temblaría como una hoja, se caería al suelo, por supuesto. De manera que el tema del sufrimiento, el tema de las ilusiones, el tema de la finitud, el tema de las creencias, esos son los temas interesantes para nosotros, esos son los temas en los que nosotros andamos.

CONCIENCIA Y FUGA


CONCIENCIA Y FUGA.

El tema nos ofrece dos cuestiones diferentes en principio, pero en realidad se trata de una sola cuestión, ya que la fuga es una situación especial de conciencia, así el tema puede enunciarse mejor: La conciencia en situación de fuga.

Sin embargo a fines de exposición, lo abarcaremos separadamente para luego llegar al punto antes mencionado.

CONCIENCIA

Obviamente no estamos ante algo fácil de tratar, de todos modos lo intentamos.

Hay quienes se expresan sobre el tema diciendo: “La conciencia se la conoce sólo cuando se la tiene”. Y no es desacertado desde el punto de mira de la experiencia; en efecto, hay momentos de conciencia de la conciencia, que nos hacen comprender mejor a que nos referimos.

Hay otros que explican que la conciencia es especialmente conciencia-de. O sea, que no habría conciencia aislada, sino estructurada. Esto también es valedero desde el punto de vista de los objetos y actos de conciencia.


Más fácilmente esto de la conciencia se puede comprender mediante una experiencia cotidiana que suele pasar desapercibida; nos referimos al simple “darse cuenta”, al simple “caer en cuenta” de algo. Es en esa experiencia que comienza la conciencia. De aquello que no nos damos cuenta, de aquello que no nos enteramos siquiera, no somos concientes y es ignorado por nosotros, por lo tanto no es parte de nuestra realidad. Estos actos de “darse cuenta” se estructuran en grupos, en seguidillas, y así van conformando mayores momentos de conciencia, los que a su vez se hacen más superficiales o profundos, dándonos grados de conciencia. Sin embargo no es especialmente “de lo que nos damos cuenta” lo que nos da la pauta del grado de conciencia, sino la reiteración del “darse cuenta”, del “caer en cuenta” y así mientras más veces caigamos en cuenta, más elementos serán advertidos; pero insistiendo, es en la capacidad de darse cuenta (en momentos y en profundidad) lo que nos dará la pauta de nuestra mayor conciencia.

Siguiendo con la exposición, puede decirse que en el acto del “darse cuenta” empieza la conciencia a ser tangible; luego que al aumentar la frecuencia y el tono, la conciencia se amplía en profundidad y en perspectiva. Con otros términos, hay una cantidad de actos de conciencia y hay una calidad de los mismos. A la primera se refiere la “frecuencia” y a la segunda se refiere al “tono”.

Este comienzo de explicación nos ha servido de aproximación al tema. Ahora surge una pregunta o varias a saber: ¿Cómo se da el acto de “darse cuenta”?; luego, ¿cómo es que uno se da cuenta?, y tercero, ¿desde dónde uno se da cuenta?



El acto de conciencia se da por entrecruzamiento de vivencias mentales. Estas vivencias son temporales, dinámicas, móviles y con duración. Así el recordar (una vivencia) se relaciona -en un momento- con el futurizar (otra vivencia) y luego en el presente, el acto de “darse cuenta”. O sea, que si sólo hubiera una dirección -o futura o pretérita- no habría presente y no surgiría la conciencia en ese momento. Bajo esta perspectiva, es claro que la conciencia no es estática, sino esencialmente dinámica, temporal, y por ende histórica.

Luego la conciencia se explica con relación a sí misma y no en relación a objetos (temas, elementos, datos, etc...) Como prueba de ello puede verse que los objetos de conciencia varían por la capacidad de ella y no por la acción de los objetos. Veamos un ejemplo: alguien mira un árbol; luego desde la conciencia surge un acto para acoger a ese “objeto” (previamente barajado por los sentidos y organizado por la percepción). Así el árbol “es tomado en cuenta”, somos concientes de ese asunto. Si por lo contrario estamos distraídos y la conciencia futuriza y recuerda no se haría presente el árbol jamás. Ahora bien, hemos caído en cuenta del árbol, ahora cerramos los ojos e imaginamos el árbol (ya no necesitamos verlo con los ojos). En ese momento el objeto de conciencia es el mismo árbol, pero... ¡imaginado! El objeto es ahora imaginario -basado en el dato físico de haberlo viisto- y obviamente es de cualidad diferente. Pero lo que no ha cambiado es la presentación de actos de conciencia dirigidos a objetos (ora físicos, ora imaginarios), y aquí nos detenemos porque podemos seguir más aún en eso de convertir los objetos en otros de diferentes cualidad, porque lo que nosotros sabemos es que a pesar de que los objetos varían enormemente, los actos siempre aparecen permanentemente y tendidos hacia objetos (cualquiera sean); esta tendencia es también llamada intencionalidad de la conciencia y es el fundamento de quienes explican que la conciencia es básicamente “conciencia-de”.



Entendido ésto se presenta otra situación no menos interesante. Es la siguiente: de repente un acto de conciencia se transforma en objeto para otro acto; es decir, “me doy cuenta de que me doy cuenta”. Aquí en ese momento la conciencia ha caído en cuenta de ella misma, se ha hecho conciencia de sí. Pero en un momento, a medida que estos momentos se estructuran y aumentan, el hecho de que la conciencia caiga en cuenta de ella misma, de su existencia digamos, de que también existe para ella, le permite hacer una serie de variaciones antes imposibles. Cortando aquí, podemos comprender al “cómo uno se da cuenta”, por ese juego dinámico de actos y objetos que permiten juntarse en un momento dado, produciendo el hecho de advertir, del caer en cuenta.

Y a la pregunta ¿desde dónde?, la podemos responder con la misma mecánica descubierta: Uno “se da cuenta” desde otro acto mental. Ese otro acto, es temporalmente distinto, es como si dijéramos “uno se da cuenta desde otro momento de conciencia” y aquí el tiempo, la temporalidad dentro de la propia mente adquiere un muy importante aspecto.

Retomando aquello de la conciencia de sí, vemos que es una simpleza, que es el hecho de que la conciencia cae en cuenta de ella misma como otro objeto, es decir: “es objeto de sí misma”, aquí adquiere relieve el vocablo auto-conciencia. Es en este momento que la mencionada capacidad de conciencia puede comprenderse más adecuadamente.

Todo este rodeo nos ha permitido entender que la conciencia tiene capacidad de autonomía, no depende de los objetos, sino que puede ser objeto de sí misma. Pero siempre tendrá objetos, ya físicos, imaginarios o en general representaciones. Sin embargo este “siempre” señalado queda en suspenso para las llamadas “situaciones elevadas de conciencia”.



Ahora bien, la conciencia descubierta por sí misma, es tan tema de investigación como cualquier otro. Así aparecen dos “zonas” bien distintas: Lo que la conciencia es en sí misma, y todo aquello que es para la conciencia. Estas cuestiones se dan separadas, pero tienen que ver entre sí, y por ello se estructuran; así que “mundo” (lo que la conciencia no es) se estructura con la conciencia (lo que ella es en sí misma).

A pesar de que todo lo expuesto es una complicación, importa llegar a este punto en que la conciencia se estructura con el mundo, porque es en este precisísimo ángulo donde surgirá la fuga, desbaratando (o tratando al menos) la estructura descubierta. Así, la conciencia en situación de fuga es la intentona de romper la estructura mundo-conciencia. Y aquí, en la partida, se ahoga el intento: no se puede romper la estructura mundo-conciencia sin romper la conciencia. Porque si se rompe el mundo (aunque difícil) la conciencia continúa, y si se rompe la conciencia el mundo continúa (aunque no para esa conciencia, pero sí para otras).

Esto es grave porque la fuga llevará indiscutiblemente, indudablemente, a un proceso de destrucción, que en el caso del hombre consigo mismo será auto-destrucción, y en el caso de proyectarse, es destrucción del mundo, y siguiendo con ésto llegaremos a algo aparentemente insólito: la fuga en principio es la base de la violencia.

1961 / 1964 - El hombre debe ser superado por el futuro de su mente


La imagen del Universo es la imagen de la transformación del tiempo. Sólo podrá dibujarse cuando se transforme el hombre actual. La óptica que debe usarse, no ha de ser la que interprete el pasado, sino la que interpreta el futuro. Todo en el Universo tiende al futuro. El sentido de la libertad hacia el futuro, es precisamente, el sentido de la Tierra y del mundo.

El hombre debe ser superado por el futuro de su mente.

Esa superación comienza cuando el hombre despierta...con él despierta todo el Universo.