
viernes, 8 de abril de 2011
Aprende a tratar a los demás, del modo en que quieres ser tratado

1980 - NUESTRO MOTOR




martes, 5 de abril de 2011
1999 - LA FUERZA

1975 - DIOS Y LA RELIGIÓN INTERIOR

Todas las religiones parten hablando de Dios, colocándolo fuera del hombre, por encima del hombre.
Las religiones externas han cumplido su ciclo y el dios externo al no ser encontrado se ha desvanecido como un espejismo.
La Religion Interior explica que dios se hace presente en el corazón del ser humano, que dios surge como producto de la experiencia interna. Esto es de gran importancia: el hombre en su desarrollo termina creando a dios a su imagen y semejanza y no a la inversa. Según el desarrollo del hombre, lo divino se expresa en su interior con mayor o menor evidencia.
Todo queda reducido a un problema de experiencia interna y no a un dogma.
2008 / EL SUFRIMIENTO

Como tema central, es el tema nuestro. El tema del sufrimiento: ¿cómo existe el sufrimiento en el ser humano?, ¿cómo se vence el sufrimiento?, ¿por qué camino se va a un mayor sufrimiento?, ¿por qué camino se puede salir de ahí y llegar a otro lado? ese es nuestro tema, el tema del sufrimiento. El sufrimiento no es simplemente el dolor… el dolor físico. Nosotros hacemos una distinción grande entre dolor y sufrimiento, uno puede sentir dolor porque tiene hambre, porque le duele el cuerpo y bueno es la ciencia y es la justicia la que puede mejorar el dolor humano, pero el sufrimiento humano es mental y el sufrimiento humano no se soluciona ni por el desarrollo de la ciencia, ni por el desarrollo de la justicia, es un esfuerzo que tiene que hacer el ser humano para entrar en otras regiones de la mente, ese es nuestro tema, ese es uno de nuestros temas.
Lógicamente hay temas que están muy ligados al tema del sufrimiento que es el tema de la ilusión, el tema del mundo que uno imagina, de las cosas que uno imagina sobre uno mismo, de las cosas que uno imagina sobre los demás. El tema de la ilusión es para nosotros clave y está muy ligado al sufrimiento. De acuerdo a como mueva uno sus ilusiones, también va aumentar su sufrimiento o va a disminuir.
El tema -por último- de las creencias, de las cosas que uno cree… el tema de las cosas que uno cree sobre los demás, sobre uno mismo, sobre el mundo, sobre la vida, sobre la duración de la vida. Porque cuando uno está en estado normal, haciendo cosas, siempre tiene la sensación y la creencia de que uno no se va a morir. Por supuesto, si a uno le preguntan: oiga ¿usted se va morir? Claro va decir uno, lo dice, pero en el fondo no lo cree.
Dice sí, si, claro, es razonable, todos nos vamos a morir, pero no lo cree. Si lo sintiera en ese momento, temblaría como una hoja, se caería al suelo, por supuesto. De manera que el tema del sufrimiento, el tema de las ilusiones, el tema de la finitud, el tema de las creencias, esos son los temas interesantes para nosotros, esos son los temas en los que nosotros andamos.
CONCIENCIA Y FUGA
El tema nos ofrece dos cuestiones diferentes en principio, pero en realidad se trata de una sola cuestión, ya que la fuga es una situación especial de conciencia, así el tema puede enunciarse mejor: La conciencia en situación de fuga.
Sin embargo a fines de exposición, lo abarcaremos separadamente para luego llegar al punto antes mencionado.
CONCIENCIA
Obviamente no estamos ante algo fácil de tratar, de todos modos lo intentamos.
Hay quienes se expresan sobre el tema diciendo: “La conciencia se la conoce sólo cuando se la tiene”. Y no es desacertado desde el punto de mira de la experiencia; en efecto, hay momentos de conciencia de la conciencia, que nos hacen comprender mejor a que nos referimos.
Hay otros que explican que la conciencia es especialmente conciencia-de. O sea, que no habría conciencia aislada, sino estructurada. Esto también es valedero desde el punto de vista de los objetos y actos de conciencia.
Más fácilmente esto de la conciencia se puede comprender mediante una experiencia cotidiana que suele pasar desapercibida; nos referimos al simple “darse cuenta”, al simple “caer en cuenta” de algo. Es en esa experiencia que comienza la conciencia. De aquello que no nos damos cuenta, de aquello que no nos enteramos siquiera, no somos concientes y es ignorado por nosotros, por lo tanto no es parte de nuestra realidad. Estos actos de “darse cuenta” se estructuran en grupos, en seguidillas, y así van conformando mayores momentos de conciencia, los que a su vez se hacen más superficiales o profundos, dándonos grados de conciencia. Sin embargo no es especialmente “de lo que nos damos cuenta” lo que nos da la pauta del grado de conciencia, sino la reiteración del “darse cuenta”, del “caer en cuenta” y así mientras más veces caigamos en cuenta, más elementos serán advertidos; pero insistiendo, es en la capacidad de darse cuenta (en momentos y en profundidad) lo que nos dará la pauta de nuestra mayor conciencia.
Siguiendo con la exposición, puede decirse que en el acto del “darse cuenta” empieza la conciencia a ser tangible; luego que al aumentar la frecuencia y el tono, la conciencia se amplía en profundidad y en perspectiva. Con otros términos, hay una cantidad de actos de conciencia y hay una calidad de los mismos. A la primera se refiere la “frecuencia” y a la segunda se refiere al “tono”.
Este comienzo de explicación nos ha servido de aproximación al tema. Ahora surge una pregunta o varias a saber: ¿Cómo se da el acto de “darse cuenta”?; luego, ¿cómo es que uno se da cuenta?, y tercero, ¿desde dónde uno se da cuenta?
El acto de conciencia se da por entrecruzamiento de vivencias mentales. Estas vivencias son temporales, dinámicas, móviles y con duración. Así el recordar (una vivencia) se relaciona -en un momento- con el futurizar (otra vivencia) y luego en el presente, el acto de “darse cuenta”. O sea, que si sólo hubiera una dirección -o futura o pretérita- no habría presente y no surgiría la conciencia en ese momento. Bajo esta perspectiva, es claro que la conciencia no es estática, sino esencialmente dinámica, temporal, y por ende histórica.
Luego la conciencia se explica con relación a sí misma y no en relación a objetos (temas, elementos, datos, etc...) Como prueba de ello puede verse que los objetos de conciencia varían por la capacidad de ella y no por la acción de los objetos. Veamos un ejemplo: alguien mira un árbol; luego desde la conciencia surge un acto para acoger a ese “objeto” (previamente barajado por los sentidos y organizado por la percepción). Así el árbol “es tomado en cuenta”, somos concientes de ese asunto. Si por lo contrario estamos distraídos y la conciencia futuriza y recuerda no se haría presente el árbol jamás. Ahora bien, hemos caído en cuenta del árbol, ahora cerramos los ojos e imaginamos el árbol (ya no necesitamos verlo con los ojos). En ese momento el objeto de conciencia es el mismo árbol, pero... ¡imaginado! El objeto es ahora imaginario -basado en el dato físico de haberlo viisto- y obviamente es de cualidad diferente. Pero lo que no ha cambiado es la presentación de actos de conciencia dirigidos a objetos (ora físicos, ora imaginarios), y aquí nos detenemos porque podemos seguir más aún en eso de convertir los objetos en otros de diferentes cualidad, porque lo que nosotros sabemos es que a pesar de que los objetos varían enormemente, los actos siempre aparecen permanentemente y tendidos hacia objetos (cualquiera sean); esta tendencia es también llamada intencionalidad de la conciencia y es el fundamento de quienes explican que la conciencia es básicamente “conciencia-de”.
Entendido ésto se presenta otra situación no menos interesante. Es la siguiente: de repente un acto de conciencia se transforma en objeto para otro acto; es decir, “me doy cuenta de que me doy cuenta”. Aquí en ese momento la conciencia ha caído en cuenta de ella misma, se ha hecho conciencia de sí. Pero en un momento, a medida que estos momentos se estructuran y aumentan, el hecho de que la conciencia caiga en cuenta de ella misma, de su existencia digamos, de que también existe para ella, le permite hacer una serie de variaciones antes imposibles. Cortando aquí, podemos comprender al “cómo uno se da cuenta”, por ese juego dinámico de actos y objetos que permiten juntarse en un momento dado, produciendo el hecho de advertir, del caer en cuenta.
Y a la pregunta ¿desde dónde?, la podemos responder con la misma mecánica descubierta: Uno “se da cuenta” desde otro acto mental. Ese otro acto, es temporalmente distinto, es como si dijéramos “uno se da cuenta desde otro momento de conciencia” y aquí el tiempo, la temporalidad dentro de la propia mente adquiere un muy importante aspecto.
Retomando aquello de la conciencia de sí, vemos que es una simpleza, que es el hecho de que la conciencia cae en cuenta de ella misma como otro objeto, es decir: “es objeto de sí misma”, aquí adquiere relieve el vocablo auto-conciencia. Es en este momento que la mencionada capacidad de conciencia puede comprenderse más adecuadamente.
Todo este rodeo nos ha permitido entender que la conciencia tiene capacidad de autonomía, no depende de los objetos, sino que puede ser objeto de sí misma. Pero siempre tendrá objetos, ya físicos, imaginarios o en general representaciones. Sin embargo este “siempre” señalado queda en suspenso para las llamadas “situaciones elevadas de conciencia”.
Ahora bien, la conciencia descubierta por sí misma, es tan tema de investigación como cualquier otro. Así aparecen dos “zonas” bien distintas: Lo que la conciencia es en sí misma, y todo aquello que es para la conciencia. Estas cuestiones se dan separadas, pero tienen que ver entre sí, y por ello se estructuran; así que “mundo” (lo que la conciencia no es) se estructura con la conciencia (lo que ella es en sí misma).
A pesar de que todo lo expuesto es una complicación, importa llegar a este punto en que la conciencia se estructura con el mundo, porque es en este precisísimo ángulo donde surgirá la fuga, desbaratando (o tratando al menos) la estructura descubierta. Así, la conciencia en situación de fuga es la intentona de romper la estructura mundo-conciencia. Y aquí, en la partida, se ahoga el intento: no se puede romper la estructura mundo-conciencia sin romper la conciencia. Porque si se rompe el mundo (aunque difícil) la conciencia continúa, y si se rompe la conciencia el mundo continúa (aunque no para esa conciencia, pero sí para otras).
Esto es grave porque la fuga llevará indiscutiblemente, indudablemente, a un proceso de destrucción, que en el caso del hombre consigo mismo será auto-destrucción, y en el caso de proyectarse, es destrucción del mundo, y siguiendo con ésto llegaremos a algo aparentemente insólito: la fuga en principio es la base de la violencia.
1961 / 1964 - El hombre debe ser superado por el futuro de su mente

La imagen del Universo es la imagen de la transformación del tiempo. Sólo podrá dibujarse cuando se transforme el hombre actual. La óptica que debe usarse, no ha de ser la que interprete el pasado, sino la que interpreta el futuro. Todo en el Universo tiende al futuro. El sentido de la libertad hacia el futuro, es precisamente, el sentido de la Tierra y del mundo.
El hombre debe ser superado por el futuro de su mente.
Esa superación comienza cuando el hombre despierta...con él despierta todo el Universo.